Pero además de los alzados y de los muros de las casas, también se pueden ver decoraciones murales, en el techo, pinturas, frisos, y mosaicos preciosos. Dignos de ver!
Este es de una pintura en un techo:
Y estos son los mosaicos!
Pero como siempre suele suceder: lo peor (y lo mejor, por supuesto!) que le puede pasar a un yacimiento o a cualquier monumento son los turistas. Porque no respetan nada, además de que no hay casi ninguna vigilancia, y por lo tanto, te encuentras con esto: Pinturas murales con las caras casi rayadas, haciendo imposible que se pueda ver bien; y suelos de mosaico en los que se han llevado las teselas...
En una de las casas que estaba junto a la lengua de tierra, no estaban excavadas, y se podía ver claramente los estratos de la casa: el piso de arriba, con el techo caído, el suelo con la pintura; luego las vigas carbonizadas, y la parte de abajo! Una auténtica maravilla para los arqueólogos y los historiadores, ver el corte así, en vertical, casi tan claro:
En resumen, si venís a Nápoles, haced un rodeo por Herculano, que merece la pena. Se llega con un tren, que se llama la "Circumvesubiana", y el billete cuesta 2'10 euros. Te deja en el pueblo en media hora, y solo hay que bajar y salir de la estación, y bajar una calle recta, cuesta abajo (que luego cuesta lo suyo subirla... sobre todo después del palizote que supone ver el yacimiento. Llevaros bocadillos, pero luego tirad los papeles en las papeleras, eh?); y ya se ve la entrada.
Normalmente, cuando uno va a Italia de viaje de estudios, de viaje cultural, o de viaje mochilero, llega a Nápoles (si es que llega) se queda un día, y ese día lo pasa en ver Pompeya. Lo demás se lo pierde. Esto lo digo sin ánimo de quitarle mérito a Pompeya, que a mi, personalmente me encanta; pero hay mil otras maravillas de la misma categoría. Y una de estas maravillas es Herculano. Se encuentra a unos cuantos kilómetros de Pompeya, y es mucho más pequeña en extensión. Pero no por ello tiene cosas menos interesantes! La diferencia radica en que la ciudad actual de Pompeya se halla en un sitio diverso de la antigua ciudad, mientras que la ciudad actual de Herculano se halla encima de la antigua ciudad, haciendo las excavaciones más limitadas.
Pero aún así, cuando se baja del tren y se sale de la estación, basta seguir unos cuantos metros carretera abajo, todo recto, y se llega a un gran portal que limita el área de excavación con la ciudad en sí.
Una vez se traspasa, hay que recorrer una larga pasarela que se encuentra por encima de la ciudad arqueológica, ya que la capa de cenizas y tierra volcánica que le cayó fue tanta, que alcanzó una altura de más de 4 metros. Por esto se han podido conservar hasta los segundos pisos, y los alzados de las fachadas integras. En resumen: una auténtica joya arqueológica!
La entrada cuesta entre unos 5 y unos 10 euros, dependiendo de la edad, de la ciudadanía europea, si vas en grupo, etc. Pero los estudiantes de Historia, Arte, Historia del Arte, y otras ciencias humanísticas tienen la entrada gratis. Para ello hay que llevar una fotocopia de la matricula y un documento que acredite la identidad. Lo gracioso es que eso no está especificado en ningún sitio, y solo lo sabes si te lo dice algún amigo (como ha sido mi caso). Además, incluso te pueden llegar a poner pegas, pero no preocuparos, es totalmente legal. Id con la cabeza bien alta. Una vez la entrada adquirida, hay que caminar por un camino más o menos largo que lleva hasta la entrada de una de las calles, donde a partir de ahí, puedes elegir entre ir sola, ir con audioguía (¡que ese sí que está especificado donde se pueden comprar!), o llevar contigo a cualquiera de los tantos guías que hay en la entrada y que ofrecen sus servicios por "módicos" precios. Lo dicho, una vez elegido, se pasa por una pasarela de madera y se da un salto de 2000 años atrás en la historia. Es increíble poder pisar una ciudad que ha quedado tal y como la vieron sus habitantes la última vez.
En realidad, han sido excavadas cuatro manzanas, pero hay todo tipo de edificios: insulae (que son el ancestro de los actuales edificios de pisos, y que podían llegar a tener hasta 6 pisos de altura); domus (las casas particulares, ricas o no, depende del dueño); termas, tiendas y gimnasios. Aún no se ha descubierto el foro, que tiene que estar en algún punto debajo de la actual ciudad. Pero sin duda, el día que lo encuentren, será espectacular! Pero como he dicho, es increíble poder pasearse por las calles y sentirse como un habitante más de la antigua ciudad, y ver los diferentes tipos de casas, siendo la más impresionante una que se llamaba "Casa dil Tramezzo di Legno", que tiene su nombre porque aún se conserva fosilizada una viga de madera, además de las puertas de madera de la ciudad y ¡hasta una de las camas!. Además, la casa tenía una decoración preciosa.
Detalle de la preciosa decoración del Impluvium. Por ese agujero caía el agua cuando llovía, y venía a parar...
Justo en este otro agujero, llamado Compluvium, donde recogían el agua de lluvía y la usaban para distintas cosas.
La puerta de madera está encofrada en ese gran recipiente de cristal o metacrilato, que no le deja respirar ni tiene ningún control de humedad... Pero bueno, son otras formas de ver la vida. Como tienen material abundante, no lo cuidan. Esta puerta sería la pieza maestra de cualquier otro museo del mundo.
Reconozco que encontrarme la cama en esta casa ha sido una de las mayores emociones de mi vida. En esa cama durmieron ciudadanos del Imperio Romano hace 2000 años! Historia pura y viva!
Otro de los edificios que han quedado han sido las diferentes tiendas, donde los habitantes iban a comprar todo tipo de cosas, y en algunas, como en las de la foto siguiente, se vendía grano y comida:
Las tiendas y los edificios de venta al público se reconocen fácilmente por la hendidura que tiene la piedra, que corresponde a la puerta de entrada, que era corredera.
Pero sin duda, una de las cosas más impresionantes de Herculano es que se conservan los segundos pisos, a veces con el suelo e incluso las paredes. La madera ha quedado también, de forma carbonizada, y se pueden ver las vigas que sostenían los techos, y los agujeros donde iban emplazadas.
En esta foto se ve un pedazo de suelo de un piso superio, y debajo están los agujeros donde iban las vigas de madera. En alguno de ellos se puede ver como aún queda madera carbonizada incrustada.
Hoy, he visitado uno de los lugares más famosos de Nápoles: la Capilla de San Severo. El renombre de esta pequeña iglesia, que en otro tiempo fue una capilla anexa al palacio de la poderosa familia Di Sangro, se debe a que alberga una escultura maravillosa: el Cristo Velado. Esta obra maestra del artista Giuseppe Sanmartino, tallada en el siglo XVIII, es un auténtico placer para la vista, y toda una obra de arte, de precisión y de "savoir faire" por parte de su autor. Se trata de un Cristo yaciente, esculpido con la técnica de los paños mojados ya que el cuerpo del Redentor se adivina a través de un velo que lo cubre de pies a cabeza. El realismo de la talla en mármol quita el aliento, sobre todo porque da la impresión que se puede coger una esquina de la tela (que por la caída, parece seda) y tirar de ella, sin que en ningún momento recuerde al mármol. Desde todos los ángulos, la escultura sorprende, ya que hasta se ven a través de la tela las heridas de las manos, de los pies y del costado. Se evidencia hasta la cara con los rasgos de agonía moribunda. Espeluznante.
Pero no se puede decir que el escenario sobre el que está el Cristo es pobre, sino que toda la Capilla es barroca, y como tal, impresiona por el escenario de teatralidad estudiado. Rodeando la escultura del Cristo, se pueden ver otras esculturas en mármol, de no menos calidad ni maestría que la obra resaltada, que se encuadran en un entorno marmóreo, del cual se pueden ver todas las variantes de este material noble. Alzando la vista, el techo abovedado de la iglesia está decorado por un fresco reproduciendo una perspectiva, que recuerda a la Iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma, aunque en mucho menos impresionante, sin que ello lleve a la decepción. En cuanto a las esculturas de mármol, alternan los retratos de los difuntos que yacen en sus tumbas, con diferentes alegorías, de las cuales las dos que más me han impresionado han sido la Pudizia y el Disinganno, que son también impresionantes.
La Pudizia está también esculpida con la técnica de los paños mojados, aunque usando una variante, y cambiando la mano que la esculpió, siendo el resultado increíble, pero no tan impresionante como el del Cristo.
El Disinganno, en cambio, es toda una obra de habilidad y virtuosismo, que representa a un hombre que se libra de una red que simboliza la vida y el libertinaje, para salir del engaño terrestre y entregarse a la fe. Lo impresionante de esta red es que parece tejida de cuerda, pero me he tenido que acercar a un palmo de la escultura para darme cuenta que estaba esculpida en mármol!! Es sin duda tan admirable, desde mi punto de vista, como el mismo Cristo que se lleva todo el protagonismo. Está tallada en un sólo bloque, y es un milagro que el autor haya conseguido ese efecto, sin los medios actuales de tecnología. Algo digno de admiración.
El suelo de la Iglesia era de losas de cerámica de color rojo, y en el centro tenía un escudo familiar hecho con las mismas losas, pero recubiertas de un vidriado, conformando una especie de mosaico, bastante bonito. Pero es de destacar el suelo de una de las capillitas, hecho con mosaico de mármol (opus sectile), representa un suelo de laberinto que forma una ilusión óptica, que da la impresión de que está hecho en 3D.
Otra zona de la Capilla es una pequeña "cavea" subterránea, que tiene una vitrina en la que están expuestos dos figuras anatómicas, que son dos esqueletos (de un hombre y de una mujer) recubiertos con alambres que representan los vasos sanguíneos. Está elaborado con alambre y cera roja, y los órganos también están representados, supongo que pintados en madera.
La entrada cuesta 7 euros, 5 euros reducida (para los menores de 25 años y los estudiantes) y 2 euros a los niños de la escuela. La capilla es relativamente difícil de encontrar, ya que está escondida entre el laberinto que suponen las callejuelas napolitanas, pero vale la pena el esfuerzo por buscarla, y los euros desembolsados. Lo malo es que no se pueden hacer fotos (cosa que me hubiera encantado, porque había mucho a lo que hacerle fotos!), así que les pongo un video y las fotos que haya podido sacar de Internet.
Hago una segunda parte, porque no se puede definir Nápoles en un sólo post sin que parezca la Biblia en verso. Al pisar Nápoles, se pisa literalmente Historia. Es una ciudad interesantisima bajo todos los puntos de vista: histórico, arqueológico, sociológico, económico, etc. Fue colonia griega, que la llamaron Neapolis, "la nueva ciudad", en griego, con lo que el trazado y en centro histórico de la ciudad tiene unos orígenes antiquísimos. Uno de los rasgos más visibles de esto han quedado en lo que se llama Spaccanapoli, es una calle larguísima, que cruza lo que es la antigua ciudad. Si te pones en una punta de la calle, y no hay coches, ni tiendas, ni andamios, ni gente, se puede ver la otra punta de la ciudad antigua. Es impresionante! Visto desde el aire, impacta también.
Cuando se camina por la ciudad, se ve sucia, llena de coches, gente, bulliciosa, negra de la contaminación... pero si uno decide alzar la mirada, verá edificios preciosos, con escudos, esculturas, bustos, ventanales altísimos... uno de ellos bastaría para ser el orgullo y sede de un museo de cualquier otra ciudad. Pero en Nápoles, de eso abunda, así que a ellos les da igual... Antes de ayer, me sorprendí cuando levanté la vista de un edificio cuya parte baja era cochambrosa, casi cayéndose en pedazos, y me encontré con esto:
Y es que los edificios son lo que en otra época serían grandes palacios majestuosos, con grandes ventanales de tres metros de altura, balcones con forja trabajada, encuadramiento con reproducciones de frontones y estatuas, y muchas veces reproducciones (como en este caso) de arquitrabes con motivos romanos. Es increíble. Otra cosa que choca, es que la gente en esta ciudad tiene la ropa en la calle, encima de por donde pasan los coches y las motos (el mismo tema que el pescado) expuestos a la suciedad y la contaminación de la misma. Parecen que este tema no les preocupa... o será que a mi me preocupa demasiado... los dos puntos de vista pueden valer. :)
A estas alturas, os estaréis preguntando "Pero si no haces nada mas que hablar de Roma! ¿Tu Erasmus no era a Nápoles?" y es cierto, hasta ahora no os he hablado de Nápoles, y es de lo que voy a hablar en este post. Si me preguntaran cómo se puede definir Nápoles en una frase, contestaría sin duda alguna: "Nápoles es la ciudad de las apariencias." Me explico: la primera impresión de Nápoles es de una ciudad fea, sucia, ruinosa, insegura, donde la gente tiene rasgos agitanados, la basura campa a sus anchas por la calle, bulliciosa, etc. Y a esta ciudad el refrán de "No se juzga un libro por su portada" le viene como un guante. Si su aspecto demacrado no te echa hacia atrás, es cuestión de mirar la ciudad con otros ojos, y te das cuenta que no es que sea fea, sino que es diferente, peculiar. No son adjetivos baratos para contentarse, en realidad es cierto: Nápoles tiene una personalidad diferente. Es una ciudad con un carácter especial. Parece una mezcla de Próximo Oriente (porque me recuerda constantemente a las calles de Istanbul) con Occidente, dándole un toque de pasado. Es una ciudad fijada en el tiempo, lo cual permite vivir una experiencia única sin salirse del ámbito europeo.
Para mi es la ciudad del eterno mercado: las tiendas del casco histórico son diminutas, por lo que los tenderos se ven obligados a sacar sus productos a la calle, y cuando te paseas por sus estrechas calles pisando esos adoquines ENORMES y mal colocados, tienes que tener cuidado de no tirar ningún puesto de algún tendero. Eso sí, una persona escrupulosa e higiénica se moriría de asco en esta ciudad, ya que aunque yo haga la vista gorda, es cierto que las condiciones de salubridad (repito: estoy hablando desde el punto de vista español, y lo que yo he visto y conocido) son mínimas, rozando lo ausente. Mis compañeras de piso, que son de por aquí, dicen que cuanto más sucio y grasiento sea el local o el puesto, más buena está la comida... Ya se han hecho a la idea. Hasta los puestos de pescadería están en la calle. El problema no es que el pescado no sea fresco (cosa imposible en una ciudad costera!) sino que por delante de los puestos de comida pasan coches y motos sin miramiento alguno. Aunque lo cierto es que, una amiga mía me hizo una reflexión en la que no había caído, y es que en España, los jamones colgaban en las tiendas y en los bares, incluso cuando aún se podía fumar...
Porque Nápoles es tráfico, mucho tráfico, y sobre todo los motorini, es decir, las motos. Y por moto se entienden los scooter chicharrinosos, que te rompen los timpanos y te pasan a dos centímetros de ti. Cuando se trata del tráfico, hay que tener mil ojos, porque ellos se paran si te ven decididos a pasar: si dudas, ya te puedes tirar la vida esperando en un paso de peatones, o en cualquier cruce, que no vas a pasar nunca! Y lo más chocante no es esto, no: lo más chocante es que lo raro es ver una moto en la que van uno o dos! En la mayoría van 3, 4 y hasta 5 en una moto. La familia completa, con los niños incluidos, encima de la moto... no me preguntéis cómo, pero el campeón del mundo de Tetris tuvo que ser un napolitano.